Cuando se va un maestro

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El día de hoy nos dejó sin un gran maestro. Su desaparición física ha dejado un gran legado.

A Luis Brito lo seguiremos viendo dentro de altos contrastes de blanco y un negro solo suyo. En los famosos vestidos de las monjas, en las muñecas de Reverón, dentro de las miradas de sus retratos, en los ángeles en contrapicado envueltos en un azul inigualable; seguirá en sus flores flotantes en un negro profundo.

Nos dejó sus viajes Venezuela adentro, su noche en el camerino, su colección de manos y de zapatos raros.
Extrañaremos su manera despreocupada de decir las cosas y de representarlas. Los vecinos, de los que él quizá no tenía idea que tanto lo admirábamos, extrañaremos verlo tomándose un café por las colinas de las calles aledañas a su casa o caminando cerca del mercadito de los domingos.
Ciertamente nos deja con ganas de ver más de su trabajo y nos enorgullece saber que esta tierra fue capaz de criar un ser con capacidad de crear y al mismo tiempo formar. Como nos lo dijo su gran amigo Nelson Garrido: Luis Brito era en sí una escuela.
Hasta simpre, estimado Luis Brito y gracias por la huella que has dejado.
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