Entrevista a Óscar B. Castillo

In Artículos

Por: Daniela Gómez-Castro
ÉCFRASIS (revzine)
VOL02 Civitas
Septiembre 2014

“Me gusta ver la imagen como un elemento enriquecedor para el debate y que pueda llegarle a la gente y generar diálogo”

Oscar Castillo (Venezuela), mejor conocido como Bambú, es un fotógrafo dedicado a retratar la problemática social de países en situación de conflicto. Todo empezó en Venezuela pero su lente ha trascendido las fronteras en países como Haití, Siria y México. En esta entrevista nos cuenta sobre su perspectiva en cuanto a la violencia en la ciudad y cómo hace para sacar de las imágenes experiencias para compartir y crear diálogos que, más que señalar culpables, propongan soluciones.

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-Cuando te comenzaste a formar como fotógrafo ¿siempre supiste que el trabajo que querías realizar era de tipo documental?

Mi objetivo al principio no estaba nada claro. Yo estudié psicología aquí en la Universidad Central y después me fui a Italia donde empecé un período de descontrol sin límite. Así estuve del timbo al tambo pero también empecé a tener preocupación por la fotografía porque veía vainas muy bizarras, un mundo completamente diferente del venezolano e incluso muy diferente de la sociedad europea; ahí se empezó a generar mi inquietud por la fotografía. Luego me fui a Barcelona y allá sí me metí en una escuela a estudiar una fotografía más artística, más conceptual y muy interesante y todo pero que no era mi preocupación principal porque siempre estaba vinculado más a procesos sociales, a cosas más contestatarias, a una línea como más anarquista de la visión de sociedad. Aunque fue muy bueno porque también te nutre como artista, como persona, pero no es la línea fotográfica que más me interesa. Luego empieza esa inquietud de contar historias, de compartir información, de vincularme a problemáticas sociales pero dejando un documento. Después de terminar la escuela, hice mi proyecto de grado aquí en Venezuela que era como un regreso después de cinco años que no había estado, y analizaba como un poco la actualidad y escribía…eso marcó mucho la línea de lo que hago ahora, que también va con esa visión personal y no solo periodística del acontecer. Para mí es importante que mi experiencia personal y mi contacto con esa situación tenga un peso dentro del documento, es decir, meterme en la situación, caerme, mojarme, sudar, escuchar los plomazos… no mandar una cámara con un drone y luego ver los resultados.

-¿Cómo ha sido tu inserción en otros países como fotógrafo? Porque se requiere de un trabajo de investigación previo, es casi como un trabajo de antropólogo social el que te toca hacer antes de ir a cada lugar a hacer fotografía documental.

Por lo menos la experiencia en Siria fue, digamos, bastante rápida; hice un trabajo que ni muestro ni comparto mucho porque creo que no tiene ni el valor ni el contenido necesario. O sea, fue una experiencia más personal que verdaderamente fotográfica a nivel de resultados. Fue una experiencia más humana pero, claro, cambias de contexto completamente, te toca comprender cosas que en tu contexto habitual ni has visto ni has conocido, como el extremismo religioso, las divisiones étnicas, cosas que en Venezuela son muy poco vistas porque en general somos una sociedad que se lleva relativamente bien. Y sí hay discriminación y clasismo y hay racismo y hay un resentimiento latente por ahí pero nunca algo como los conflictos que se generan por religión en otros países. Ya en Haití comienzan a ser factores que quizá están más cercanos al nuestro pero también, claro, tienes que buscar las particularidades del sitio para comprender por qué se da lo que se da en ese momento y enlazarlo con el general de la humanidad.Vivirlo de cerca y tratar de comprenderlo es un proceso muy interesante pero muy denso y donde te cuestionas muchas cosas del accionar de la gente que estás viendo, de las ideas que predican y sus acciones. Ya en otros sitios ha sido más cercano a lo nuestro: México, Colombia, Argentina.

-Pero aún en esos países sigues siendo extranjero…

Extranjero pero las particularidades de ser latinoamericano te vinculan a ciertas cosas más específicas: la gozadera, la bebedera, la gente abierta, el calor latino, caribeño, un poco la alegría que prevalece ante las circunstancias más difíciles. Sigues siendo extranjero pero hablas el idioma, conoces el sitio y, claro, influye mucho la experiencia previa o la cultura que tengas. Te estás acercando a investigar situaciones de las cuales necesitas tener cierta base para comprender a lo que te estás enfrentando cuando estás en el terreno. Aunque sigue habiendo dolor  y sentimientos encontrados con los que tienes que lidiar internamente porque ves gente amputada, muertos, heridos, huérfanos, viudos, familias separadas, refugiados… una batalla personal bien adentro, muy ruda pero que, bueno, te motivan en tu trabajo; te motiva a brindar ese granito de arena que por más que sea un poco inocentón sigues creyendo en él porque si no eres un autómata y a veces un mercenario de la foto.

-Y ya que hablas de esos mercenarios de la foto, me hace recordar una charla en la Librería Lugar Común, a propósito de los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Caracas durante el mes de febrero de este año. Allí te escuché hablar de la relación entre contenido y calidad estética de una imagen ¿Es importante para ti el aspecto estético más allá del contenido?

Bueno, Nelson hablaba un poco del documento generado por cualquier persona que está enfrentándose a una situación equis y no es un fotógrafo, periodista o cualquier profesional de la imagen, son personas que tienen una cámara o micrófono a la mano y se valen de eso para captar la información. Pero creo que la gente necesita un poco de documentación, un poquito de criterio para que su documento sea más sólido y más sincero, eso es muy importante: educar a la persona porque el bombardeo de información es apabullante. Entonces mientras mejor -y no mayor- sea el contenido de la información que estás compartiendo, creo estás logrando comunicar mejor lo que estás viendo. Y luego de eso viene la estética y no quiero decir algo académico sino de algo que sea efectivo para transmitir el mensaje. Ya después, claro, viene el profesional, que aparte de manejar una inquietud periodística y una responsabilidad con el público a nivel de contenido de la información, de veracidad, de sinceridad, de aportar algo al debate y al conocimiento público, el profesional también tiene, en lo personal, inquietudes estéticas, una búsqueda de un lenguaje propio, una búsqueda que represente su posición ante las cosas. Yo no creo en esa supuesta objetividad; creo en tener una posición sólida que se base en conocimientos, en aprendizaje, en comparación de posiciones, en eso sí creo. La estética, luego de eso, comienza a jugar un papel que en paralelo es importante pero no primordial. Lo importante es tener un lenguaje que te represente porque obviamente es una herramienta y tiene que ir de la mano con lo que deseas expresar y con el público al que va destinado.

– ¿Qué criticas, qué denuncias y por qué protestas?

En mis fotos lo que pasa es que no trato de señalar con el dedo y decir  “éste es el responsable” porque todos somos responsables y ahí está mi crítica. Busco que mi crítica sea multidireccional y me llegue a mí mismo. Yo me estoy cuestionando constantemente cosas en mi acción personal y en mi fotografía. Tampoco es que soy el Gandhi de la reflexión; vivo las cosas un poco a la ligera pero sí tengo una discusión constante que espero que se entable dentro de los otros y ahí también está mi crítica, en que siento que la sociedad está dormida,  la gente está como autómata o está solo acusando al otro sin ver un poquito hacia adentro las responsabilidades que tiene, ¿no? Y ahí creo está la denuncia, en decir, mostrar que no sólo es el otro el que actúa mal sino uno mismo. Pero más que ese señalar con el dedo, me importa más la reflexión, coño, hicimos esto y por eso estamos así. Creo que eso es fundamental, más que atacar y denunciar… porque cuando empiezas a buscar culpables, inocentes quedan poquitos. Eso es lo que quiero se entienda, que todo, todo lo que está pasando ahorita es nuestra responsabilidad colectiva e individual, cada uno en mayor o menor medida. Hay una protesta porque creo que no asumimos las riendas de nuestra acción, de nuestra colaboración, sino que dejamos que todo el mundo haga lo que le parece.

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