Entrevista a Nelson Garrido

Por: Daniela Gómez-Castro
ÉCFRASIS (revzine)
VOL01 La luz
Mayo 2014

Nelson 1

 

-La luz como concepto, ¿qué significa para ti?
La luz, por un lado, tiene un concepto filosófico que va de la mano con lucha entre el bien y el mal: es el triunfo de la luz sobre la oscuridad. Y por el otro, hay una definición científica de la luz, en la que se habla de qué son fotones y demás, pero eso ya es una definición teórica porque todavía no se sabe realmente qué es la luz a estos niveles de la Humanidad. Y es que desde los egipcios hasta ahora, el tema de la luz ha sido una cosa de conocimiento hermético totalmente. Y ya viendo la luz en función de la fotografía, ya etimológicamente hablando, la fotografía es escritura de luz. En la fotografía todo se basa, tanto en analógico como en digital, en la luz en sí. Yo creo que la luz es un elemento conductor del lenguaje. Casi siempre se habla de la forma, pero a veces no se entiende que la fotografía es la comprensión de la luz, desde el punto de vista filosófico y desde el punto de vista formal. A mis alumnos, en clase de iluminación, les hablo de un elemento fundamental, que es la diferenciación entre alumbrar e iluminar. Alumbrar es lo que hacen las novelas venezolanas, lamentablemente. La luz, como concepto de iluminación y, también desde el punto de vista religioso y filosófico, es un hecho trascendente donde tú te comunicas con fuerzas más allá de lo terrenal, desde el punto de vista teológico. Entonces de lo que se trata es de iluminar, no de alumbrar. Iluminación es lo que hacen las novelas brasileras, para seguir con el mismo ejemplo, donde hay un estudio de la situación y donde de la luz hace parte del lenguaje, diciendo si se trata de la tarde o de la mañana. El problema es que no hay una cultura de la luz, hay una cultura del sonido, hay una cultura de la escritura, poca cultura de la fotografía pero, al hablar de luz, es impresionante cómo la gente la subestima, en cambio para mí es algo fundamental.

Desde una perspectiva formal, ¿tiene la luz gran protagonismo en tus fotografías, más allá de ser un recurso fundamental para el proceso fotográfico?
En mi trabajo la luz es algo fundamental. La presencia de los rojos, la presencia del azul… y eso lo determino yo con la iluminación. Mi trabajo, fundamentalmente la puesta en escena, es un hecho teatral, y tú no puedes ver una obra de teatro sin luz, es inconcebible. En mi trabajo personal la iluminación es uno de los lenguajes importantes. Cuando hice Todos los santos son muertos, yo probaba diferentes opciones, es decir, estaba la parte escenográfica, coreográfica de la foto, pero yo a veces hacía siete, ocho iluminaciones diferentes para después escoger, y eran ocho fotos totalmente diferentes. Hay obras como Santa liberata, que tiene unas 10 versiones diferentes, siendo la misma escenografía pero la iluminación marca una diferencia total. Yo uso, como se usa en teatro y danza, y más siendo alumno de Cruz-Diez, el conocimiento y la mezcla de luz óptica. Yo no uso luces planas sino cuadrículas de diferentes colores y, lo hermoso es que la luz se mezcla a nivel óptico, igual como existe la mezcla de colores en pigmentos, la luz, cuando se mezcla a nivel óptico, crea colores diferentes. Yo asumo que la luz en mi trabajo es un poco como pasa con el esmalte en la cerámica. La gente que trabaja en cerámica o artes del fuego, cuando mete esas piezas al horno, el fuego actúa de tal manera, que a veces los pigmentos cambian y es incontrolable. Te puedo decir, yo en eso soy sumamente ordenado, en mis cuadernos de notas hago esquemas de luz y pongo cada luz que utilizo, cada filtro, qué intensidades… pero, insólitamente, yo trato de reproducir esa misma luz y nunca me queda igual. Con la luz suceden cosas mágicas que no son controlables. Tú manejas un esquema general, pero es irreproducible. Cuando trabajo en analógico, en ciertas tomas que yo esperaba a revelar y repetía el esquema, me salían cosas totalmente diferentes. Hay iluminaciones que yo he logrado en ciertas fotos, que más nunca las logré. Son irrepetibles. Es un hecho mágico, realmente. La luz es un hecho mágico. Es un fenómeno espiritual, que tú intuyes mas no entiendes. Y para mí la creación es un hecho de intuición, no de entendimiento. Yo nunca entiendo lo que hago, pero los resultados son divertidos.

-¿Qué fotógrafos clásicos te vienen a la mente cuando hablamos del tema de la luz?
Uno de los grandes maestros de la luz es Avedon, para mí él es una referencia extraordinaria porque justamente la luz en Avedon pasa a ser un rasgo tan personal que tú reconoces una fotografía suya solamente por la iluminación. Yo creo que el tipo de iluminación determina el lenguaje de un fotógrafo y puedes reconocerlo por la manera que la utiliza. Por supuesto, Irving Penn me parece otro gran fotógrafo que ha manejado la luz a niveles extraordinarios. Esos dos son mis grandes referencias. Y, otro muy importante a nivel de iluminación es Joel-Peter Witkin que también es un hecho teatral y llega a unos grandes niveles de iluminación. Otro que es menos conocido, que me parece un gran maestro de la luz, es Lucas Samara. Él no ha entrado dentro de los grandes pilares pero me parece un gran maestro que, por cuestiones de intereses económicos en el mundo, a Lucas Samara nunca se le ha dado el puesto que se merece. Otro muy importante con respecto a la luz, es Edward Weston. Él realmente hacía que la luz acariciara los objetos, hacía exposiciones de una hora, tres horas. Su fotografía Nautilus, tuvo una exposición de tres horas.

-¿Crees que el arte contemporáneo ha perdido su capacidad crítica? ¿Cómo y dónde se ubica la fotografía en esta disyuntiva?
Yo creo que el arte contemporáneo, como un arte de transición de siglo (porque cuando se habla de transición la gente cree que se trata de un cuchillito que corta el 2001 pero todavía estamos en esa etapa de transición), está atravesando por una crisis. Hay una gran crisis de discurso, que peca de una excesiva superficialidad y donde la parte formal quiere matar el discurso. El arte conceptual yo no sé qué beneficios ha traído ni qué cosas negativas. A mí me parece que es la oficialización de la banalización y de la superficialidad. Ahí es donde entra la fotografía como un elemento importantísimo dentro del arte contemporáneo. Para mí –y suena muy pedante siendo yo fotógrafo– los aportes de arte contemporáneo más importantes vienen de la fotografía. Tanto a nivel nacional como internacional, la fotografía es la que está dando la respuesta al arte contemporáneo. Primero, por una necesidad discursiva, por otro lado, porque a nivel económico es mucho más accesible y mucho más fácil de producir. Yo considero que la fotografía abre el compás. No es casualidad que cuando me dan a mí el Premio Nacional de Artes Plásticas, no me lo estaban dando a mí, se lo estaban dando a la fotografía y era importante para ésta que un fotógrafo ganara este premio. Yo lo asumí de una manera muy cínica, como yo asumo mis cosas. Los artistas plásticos decían que yo no era artista plástico, que cómo le iban a dar ese premio a un fotógrafo, si la fotografía es un arte menor. Y lo más insólito es que los fotógrafos decían que yo no era fotógrafo, que yo era artista plástico. Cosa que me pareció maravillosa porque me quedé sin gremio, me da una gran felicidad eso de no formar parte de ninguna mafia. Yo creo que ya ahorita en la fotografía contemporánea no se puede hablar de la fotografía sino hay un nuevo lenguaje que se llama lo fotográfico. Vemos cómo los encuentros de fotografía internacionales no son un poco de fotógrafos hablando del ASA y la camarita, cosa que me parece pavosísima, sino que suceden cosas como que, el último encuentro de São Paulo de Fotografía Contemporánea Latinoamericana fue abierto por Canclini, con un discurso filosófico maravilloso. Ya vemos que en la fotografía tenemos que hablar de filosofía, psicología, etc. Ya lo fotográfico como lenguaje es lo que está triunfando. Creo que, igual que las artes pláticas, la fotografía como elemento académico se quedó como una cosa repetitiva y sin fundamento. La fotografía se ha renovado, hay nuevos aportes, nuevas tendencias. La riqueza, la cantidad de artistas plásticos que usan la fotografía como medio de expresión es impresionante. En el arte contemporáneo hay una disyuntiva de lenguaje, donde tú no puedes hablar de parcelas (la fotografía, la escultura, la pintura) porque todo se mezcla transversalmente y donde uno usa lo que le hace falta para su discurso. Yo creo que lo más importante es que los límites no se los puede poner uno mismo y, a veces, la gente parte de sus propios límites en vez de abrirse a lo ilimitado de los lenguajes.

-¿Para ti quiénes son los grandes maestros latinoamericanos de la luz en la fotografía?
Te voy a hablar de Venezuela y de América Latina. En Venezuela, uno de los grandes maestros de la luz es Luis Brito, él ha sido muy poco reconocido, como siempre sucede con los artistas venezolanos, que esperan que uno se muera para reconocerlo. Él marca una ruptura en la fotografía venezolana y además él ha formado a mucha gente. Él es una escuela en sí, tú no hablas de Luis Brito sino de él más toda una cantidad de gente que ha ido formando. A nivel latinoamericano, con respecto al tratamiento que él le da a su trabajo, puedo hablar de Marcos López. Me parece que es la fotografía, usando los nuevos lenguajes de la parte digital, porque él logra un poco lo que lograron los cuadros medievales. Él no toma la fotografía de una vez sino que él va tomando los elementos y después arma la fotografía, cosa que le da un efecto pictórico, típico de los cuadros medievales. Y el trabajo de la luz en él es muy importante, es una luz como acariciada, sobada. En América Latina hay grandes Maestros, la iluminación del brasilero Rio Branco es extraordinaria. Es que yo creo que nosotros en América Latina tenemos una luz muy particular. Cuando hablamos de lenguaje, una persona latinoamericana no tiene el mismo concepto de luz que un europeo. Me acuerdo de un director de fotografía que trabajó con Román Chalbaud en el rodaje de Manõn y para la que yo hice la foto fija, que estaba impresionado porque decía “no puede ser que entre las altas luces y entre la sombra de una casa y la parte de afuera, la diferencia sea de seis diafragmas”, él estaba que no hallaba qué hacer, cuando él venía de Europa, que la diferencia era de medio diafragma, un diafragma máximo. De ahí que mucha gente de América Latina, que estudia fotografía en Europa, cuando regresa, entra en shock. O sea, un rojo y un azul tomado aquí, no tiene nada que ver con los rojos y azules de Europa o Estados Unidos. Por lo menos, yo que soy del trópico, cuando me he quedado mucho tiempo fuera de Venezuela, reconozco que me hace falta la luz, me afecta psicológicamente si no tengo luz. Esos días de invierno, psicológicamente, no los aguanto. Yo asumo que soy del trópico y en mi trabajo se ve eso, que también conlleva una filosofía de vida. El hecho de que nosotros no tengamos invierno, nos hace un poco lo que somos y tener el lenguaje que tenemos. Otra de las cosas importantes de América Latina ahorita, es que hay un lenguaje de las periferias. Antes uno tenía una necesidad de ser aprobado en Estados Unidos o Europa para poder ser. Yo creo que ahorita hay un movimiento fotográfico interesantísimo, hay encuentros, está el Centro de la Imagen de Montevideo, el de Perú, encuentros como el encuentro de São Paulo, hay escuelas de fotografías que no había antes. Yo pienso que estamos en una época de oro para la fotografía en América Latina, y lo estamos haciendo con un lenguaje desde la periferia. Yo estuve hace poco en el visionado de PhotoEspaña y, en la intervención que me pidieron que diera dije que ya a uno no le hacía falta que ellos vinieran a probarnos si nosotros teníamos necesidad de ellos. Yo venía llegando de São Paulo, también estuve en México… y además, eso lo estoy palpando yo. La revista Sueño de la Razón, que es una revista latinoamericana, hecha por latinoamericanos y fotógrafos latinoamericanos, es decir, ya no necesitamos que nos esté autorizando nadie para hacerlo. -A lo largo de los años has tenido muchos estudiantes, ¿puedes recordar algunos que te hayan sorprendido con sus resultados usando luz natural? Mira, Beto Gutiérrez es un fotógrafo extraordinario con un ojo maravilloso. Rosley Labrador, es un alumno del que me siento orgulloso de haberlo formado. Juan Toro, la parte de iluminación que él está manejando es extraordinaria. Ni hablar de alumnos míos de hace mucho más tiempo atrás, como Lisbeth Salas. Yo normalmente tengo el orgullo de tener siempre alumnos fuera de serie, y se me quedan muchos en el tintero de los grandes fotógrafos que yo he formado… yo feliz porque me han superado y son mucho mejores que yo. Y por último, cosa que no me gusta mucho hacer porque es como autopromoción, pero Gala Garrido, es una gran fotógrafa y sobre todo es una experta en iluminación, su trabajo es muy interesante y también estoy orgullosísimo de ella.

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