Leo Matiz: guardián de las sombras

Por: Mónica Echegarreta
ÉCFRASIS (revzine)
VOL01 La luz
Mayo 2014

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La ruta diaria que yo hacía, hace unos años atrás, desde mi hogar hasta la Escuela de Artes de la UCV, me obligaba a transitar justo por el frente de La Previsora. A pesar de que me encontraba con ella todos los días, del mismo modo, casi siempre me veía en la necesidad de entrar a sus espacios culturales. Un día en particular del año 2007, recuerdo que, en la sala de exposición, había una muestra titulada “El sentido de lo moderno” compuesta de muchas fotografías blanco y negro de formato medio, construidas de un notable claroscuro, en las cuales la ciudad y el ser humano parecían ser lo fundamental de las imágenes. Así fue como lo conocí, al Guardián de las Sombras, Leo Matiz (1917-1998).
Aracataca no sólo parió a Gabo; también Leo Matiz brotó de esas tierras caribeñas. La vida de este fotógrafo colombiano ni remotamente, puede identificarse como simple; por el contrario, estuvo saturada de pasiones. Matiz fue esencialmente un artista, un soñador; un hombre atado a sus imágenes caladas de poética y verdad. Sus épicos viajes, colmados de personajes y aventuras, así como también las catorce mujeres de su vida y aquellas ocasiones en la que estuvo tan cerca de la muerte, formaron al primer fotógrafo colombiano considerado como una de las figuras emblemáticas de la fotografía documental en América Latina, al lado de otros grandes como Martín Chambi y Manuel Álvarez Bravo. No es gratuito que a este fotógrafo (designado como uno de los diez mejores del mundo en su profesión) también se le llame Guardián de las Sombras ya que en su obra, invariablemente, existe un drástico claroscuro que las aleja de la regularidad.
Leo Matiz fue, esencialmente, un documentalista de la cultura latinoamericana del siglo XX. Su actitud de trotamundos y viajero itinerante lo ayudó a colmarse de referencias visuales. En sus fotografías abstractas, la textura y el claroscuro le dan vida y movimiento a la composición. Le dio importancia a la vegetación que le rodeaba y atesoró las fiestas costumbristas de cada región como símbolos de identidad. Además, nunca dejó pasar la condición del ser humano trabajador y sus herramientas (la red de pescar, las carretillas, las cestas y bolsas) y, más aún, las manos, el tacto, como principal utensilio del obrero. En sus fotografías, existen alegorías de la relación entre el ser humano, el medio ambiente y la máquina como concepción moderna de la fotografía, tanto en forma como en función. Matiz se nos revela entonces como un antropólogo con un universo plástico interior.
Las imágenes fotográficas de Leo Matiz casi que parecen fragmentos literarios construidos de luz; se sienten caladas de poesía y lo real maravilloso. Tal vez por eso queremos que exista una relación entre Leo Matiz y García Márquez que vaya más allá de una casualidad biográfica. Hay, en sus fotografías, un profundo sentimiento humano construido de fuertes contrastes de blancos y negro, los cuales crean relatos visuales. Attilio Colombo, en el artículo “Poética y realismo” de la Revista Mundo señala que “Las sombras de Matiz raramente son transparentes: su claroscuro a menudo es radical y la paleta de los grises se reduce a lo esencial.” (p. 61). Así, ese apodo que le colocaron algunos intelectuales estadounidenses en los años cincuenta del pasado siglo, Guardián de la sombra no es gratuito. Lo formal resulta inmanente para la construcción conceptual de su obra.

Los invitamos a conocer y seguir la amplia obra fotográfica de este maestro de la luz:
http://www.leomatiz.org/

BIBLIOGRAFÍA:
Revista Mundo. Número 19. S/F. Bogotá, Colombia.
MUSEO CASA DE LA MONEDA. Leo Matiz, catálogo. Fundación Leo Matiz, S/F.
Fotomundo, revista fotográfica. Leo Matiz, pasiones en blanco y negro. (En línea)
http://www.fotomundo.com/nota.php?id=300 (Fecha de consulta 1/11/10)
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